sábado, 27 de febrero de 2010

LAS GUERRAS CARLISTAS



















Supongo que a todo el mundo le sonará esto de las guerras carlistas, hubo tres guerras carlistas en el siglo XIX. La primera de ellas se produjo a la muerte de Fernando VII, éste antes de morir abolió la Ley Sálica (que prohibía a las mujeres reinar en España), así pudo subir al trono su hija Isabel II, de lo contrario hubiera reinado el hermano del rey Carlos María Isidro como Carlos V (de ahí el nombre de carlistas a sus seguidores).
Desde el punto de vista ideológico el carlismo representa el tradicionalismo monárquico y antiliberal, eran partidarios de la monarquía absoluta y contrarios a las transformaciones sociales del liberalismo urbano capitalista, defendían sus fueros tradicionales y su forma de vida rural.
La primera guerra carlista (1833-1840) fue la más violenta causando 200.000 víctimas, los carlistas fueron derrotados fácilmente excepto en el País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña y Comunidad Valenciana.
El bando carlista contó con los generales Zumalacárregui y Cabrera y el bando isabelino con Espartero, todos ellos grandes militares, por lo que la guerra se hizo larga y difícil. El agotamiento de los carlistas provocó que el general Maroto (del sector moderado) firmara el Acuerdo de Vergara con Espartero en 1839, dando fin así a la guerra, pero el general Cabrera resistió en Levante hasta 1840.
La segunda guerra carlista (1846-1849) tuvo mucha menos importancia y se extendió hasta 1860 en las zonas rurales de Cataluña, hubo episodios aislados en Aragón y Navarra. Carlos María Isidro nombra heredero a su hijo Carlos Luis de Borbón en 1845 y tomó el nombre de Carlos VI.
La tercera guerra carlista (1872-1876) supuso el levantamiento armado de los partidarios de Carlos VII contra los reyes Amadeo I de Saboya (rey de origen italiano que se designó después del fracaso de la I República durante el Sexenio Revolucionario para evitar el regreso de los borbones, desgastados tras el reinado de Isabel II, destronada en 1868) y luego contra Alfonso XII (hijo de Isabel II que supuso la restauración borbónica en 1874 gracias al general Martínez Campos) y se desarrolló en las zonas rurales del País Vasco, Cataluña y Navarra principalmente. Acabó con la toma de Estella (capital carlista) en 1876 y la huída del pretendiente a Francia.
Según Jordi Navarro (Temps d’Història) cuando estalló la primera guerra las partidas carlistas de Tòfol de Vallirana y Bonet Tristany recorrieron el Baix Llobregat y se instalaron en Gavà y en Begues y durante los años 1837 a 1839 se enfrentaron a los somatenes liberales, en febrero de 1848 se celebró una gran batalla en Gavà.
En cuanto a Castelldefels existen grandes lagunas documentales en el archivo municipal y no se puede asegurar si estas partidas llegaron a entrar en nuestra ciudad, pero queda constancia de que se dejaron de pagar impuestos, que aumentó el control sobre las licencias de armas, que se efectuaron reclutamientos para el ejército de Isabel II y que se vigilaba a los párrocos de la zona para ver si apoyaban la causa carlista.
En esta época de mediados del siglo XIX se consolidó un descenso demográfico que había comenzado a finales del siglo XVIII. Esto retrasó el desarrollo del municipio durante mucho tiempo, fue un caso aislado, ya que por ejemplo, Gavà y Sitges no lo padecieron y mantuvieron una población varias veces superior a la de Castelldefels.

SIETE CASAS Y UN ARMARIO
















Empezaremos el año comentando un par de libros que he leído recientemente y que me han parecido muy interesantes.
El primero de ellos es Siete casas en Francia de Bernardo Atxaga (Asteasu, Guipúzcoa, 1951). Este escritor en euskera tiene una prolífica obra, ha escrito relatos, poesía, cuentos infantiles, novela, etc. Su obra más conocida es Obabakoak, de 1988, por la que recibió el Premio Nacional de Narrativa, posteriormente fue llevada al cine por Montxo Armendáriz en el año 2005 con un notable éxito de crítica.
La novela a que me refiero se desarrolla en el Congo Belga de principios del siglo XX, durante el reinado de Leopoldo II, que convierte los territorios en patrimonio personal y amasa una fortuna con la explotación del caucho, la teca y el marfil.
La acción comienza cuando un joven oficial llega al destacamento de la Force Publique en Yangambi, junto al río Congo. Este experto tirador con su forma de ser altera la “pacífica“ convivencia del recinto. Se producen envidias, rencores, malos entendidos, admiraciones, entre los protagonistas del relato.
El autor penetra en las mentes de los personajes y nos hace unos retratos psicológicos de gran precisión, todo ello combinado con una acción mesurada pero continua y una descripción convincente del ambiente cerrado en medio de la selva en que viven los protagonistas.
El deseo contradictorio de seguirse enriqueciendo y de volver al hogar planea también en el relato, pero hay que conseguir la séptima casa, símbolo de la riqueza que permitirá una vida holgada en Europa, lejos de la selva asfixiante.
El segundo se titula Un armario lleno de sombra y su autor es Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931, pero desde los tres años vive en León). Este autor debe su celebridad a la poesía y al ensayo y ha obtenido el Premio Cervantes en el año 2006.
Su poesía es de gran calidad, perro bastante difícil de leer por el sentido críptico de sus versos. No así este libro que os recomiendo donde relata su infancia de forma autobiográfica hasta los catorce años de edad. Es una prosa en general fácil de leer y asequible, excepto algún apartado en que habla de poesía un poco más complicado.
Gamoneda en esta obra mezcla los recuerdos que el llama heredados (relatados por su madre) con los propios reconstruyendo así parte de la vida de sus antepasados y su infancia. Habla de la Guerra Civil y de la posguerra en la ciudad de León y, concretamente, en el barrio del Crucero; habitado por obreros y ferroviarios.
Nos habla de represión, de pobreza, de hambre, de los sentimientos que todo aquello despierta en su niñez. Nos habla de amor, de amistad, de rebeldía, de odio; de su relación con la familia, los vecinos, los amigos, los compañeros del colegio de los Agustinos y muchas cosas más.
También relata cómo aprendió a leer en un libro de poemas que escribió su padre (murió cuando el tenía dos años) y cómo a pesar de no entender el lenguaje poético quedó prendado del ritmo y la sonoridad de las palabras. Tanto le influenció esta lectura que marcó toda su vida posterior dedicándose a la poesía y a escribir ensayos sobre otros poetas.
Que este año 2010 nos traiga buenas lecturas para olvidar la crisis.